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Columna: Sentido Común

SENTIDO COMÚN

Gabriel García-Márquez

El apoyo al campo siempre ha sido el talón de Aquiles del gobierno federal. Por esta razón no es casual que se haya dado un tenso debate al pretender eliminar a los intermediarios entre el gobierno y los productores del campo, encabezados por líderes que han hecho de la supuesta lucha por el bienestar de los campesinos su modus vivendi.

En efecto los diputados no cedieron ante las presiones de estas organizaciones campesinas y los recortes se dieron; sin embargo, se aprobó crear una nueva institución financiera en apoyo al sector primario.

Históricamente han existido instituciones bancarias dirigidas al sector rural con muy malos resultados, donde ha imperado la corrupción y los malos manejos, en vez de beneficiar a los campesinos y ganaderos, sean estos ejidatarios o pequeños propietarios.

En la reasignación de recursos para el 2020 se otorgarán al campo apoyos financieros mediante una nueva institución bancaria o banco agrícola que vendrá a reemplazar a la Financiera Rural, que a su vez llegó sustituyendo al Banco Rural.

Este nuevo Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (FINAGRO) vendría a sustituir a la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario y Pesquero (FND), al FIRA y al FOCIR.

A través de este nuevo instrumento o institución los productores podrán acceder a financiamientos para la compra de avíos, a los fondos de garantía y contratación de seguros.

Todo parece indicar que el panorama del 2020 para los productores del campo se ve difícil y mientras se echa a andar este banco se tendrá que ir formalizando el proyecto nacional, que por el momento carece de una estrategia congruente para combatir el atraso en el sector rural y para reactivar la agricultura y la ganadería.

La creación del nuevo banco agrícola tendrá que ser analizada a conciencia evitando cometer los errores del pasado en los que incurrieron instituciones como el Banco Nacional de Crédito Agrícola, el Banco Nacional de Crédito Ejidal, el Banco Nacional Agropecuario, el Banco Nacional de Crédito Rural y la Financiera Rural.

En efecto fomentar el desarrollo en el campo es una prioridad, hacen falta recursos tanto financieros como materiales y la calidad de vida en el campo obliga a la migración de la población rural. Hacen falta proyectos que eleven la productividad y el desarrollo, para que los campesinos y pequeños productores tengan una mejor calidad de vida.

No se trata nada más de entregar apoyos a los campesinos, también es necesario promover la capacitación, la implementación de nuevas técnicas y programas que sean factibles y acordes con la vocación del campo mexicano.

De manera que esta nueva institución bancaria debe ser moderna y eficaz, que no cobre intereses tan elevados, que cuente con instrumentos de fácil acceso para que no nada más se entreguen los recursos, sino que también se supervise su aplicación, de modo que los acreditados puedan pagar oportunamente el crédito contratado. Pero sobre todo que no se convierta, como ha sucedido en el pasado, en un botín de todos menos en un apoyo para los productores del campo.

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