Un portal con una mirada distinta

Columna: Sentido Común

Gabriel García-Márquez

Apenas el pasado domingo el ex presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma tuvo que dimitir al cargo, ante las presiones y protestar del pueblo que fueron respaldadas por el ejército que finalmente lo obligó a presentar su renuncia y a salir huyendo a esconderse donde pudo.

Su primera noche luego de dejar el poder la pasó en Cochabamba acostado prácticamente en el suelo cubierto por una sábana y un cobertor, luego de haber dormido los últimos años en sábanas de seda en una residencia de lujo.

Obligado por la situación tuvo que volver a sus orígenes durmiendo con los indígenas que lo llevaron al poder, así recordó sus tiempos de dirigente y líder campesino.

Se supo que trató de salir del país en su avión privado, pero los países vecinos le negaron volar sobre su espacio aéreo, por lo que tuvo que permanecer en Bolivia hasta que el gobierno mexicano le ofreció asilo político que él de inmediato aceptó y este lunes voló a México en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana.

Como ha sido costumbre en otros tiempos en esa ocasión el gobierno mexicano abrió sus brazos y ofreció su manto protector a quien se dice perseguido político y que declaró que volverá a Bolivia con más fuerza y energía.

Evo Morales está muy agradecido con el gobierno mexicano por brindarle asilo para cuidar de su vida que está en riesgo ante los últimos sucesos. Para resguardar la seguridad de Evo Morales se utilizó un avión de la Fuerza Aérea y en él viajó para acompañarlo y protegerlo el canciller Marcelo Ebrard.

Ante este hecho, se dieron reacciones encontradas de aprobación y de rechazo, tanto de la comunidad internacional como del pueblo de México, que por un lado reciben con agrado la llegada de Morales al país y por otro se escuchan las voces de quienes rechazan la decisión del gobierno de recibir a un mandatario que debe quedarse a responder por los delitos electorales que se le imputan en su país.

En efecto Evo Morales fue vitoreado y reconocido al asumir la presidencia de Bolivia en el 2006 y que durante los primeros años de su mandato realizó grandes obras y refundó a su país; sin embargo, aun cuando en un principio aseguró que al concluir su periodo se iría feliz a su casa a cuidar de su plantación de coca, luego cambió de opinión y quiso perpetuarse en el poder que ostentó durante 13 años y que mediante un mega fraude electoral pretendía extender hasta el 2025.

En realidad, el pecado de Evo Morales no fue ser un presidente de izquierda, con tendencias comunistas o socialistas, sino su pretensión de convertirse en un dictador, apoderándose del poder sin contrapesos como un tirano, amo y señor de Bolivia y del destino de los bolivianos.

Ahora en México, daremos cobijo y protección a un delincuente electoral, que tal vez viva dando conferencias sobre como de la nada se puede llegar al poder y olvidar el significado de una verdadera democracia.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Que lo regresen a su patria
    Además de feo tranza !!!

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