Columna: Sentido Común

La noticia corrió como reguero de pólvora y en horas o quizá minutos trascendió por todo el mundo: un alumno de 11 años mató a su maestra y luego se suicidó. La tragedia sucedió en Torreón en un colegio privado donde también resultaron heridos cinco estudiantes y un profesor que milagrosamente salvaron la vida. El menor pidió permiso para ir al baño, al ver que no regresaba su maestra salió a buscarlo y lo encontró en el pasillo enfundado en una camiseta con el lema del video juego “Natural Selection” y con dos armas en las manos comenzó a disparar. La maestra de 50 años cayó muerta. Lo único que dijo el niño al entrar al salón de clases fue “Hoy es el día”.

Los primeros informes señalan que el menor no mostraba ningún comportamiento extraño, que era buen alumno y que vivía con su abuela; con padre ausente y huérfano de madre. Hasta el momento poco se ha avanzado sobre la investigación, pero se sabe que era muy aficionado a los video juegos, en especial a Natural Selection, que trata sobre enfrentamientos entre alienígenas y soldados utilizando armas de todo tipo, en el que los soldados tienen que acabar con las colonias de alienígenas y sus colmenas.

Aún hay muchas dudas por aclarar, como por ejemplo cómo pudo entrar al plantel con dos armas, una de ellas de grueso calibre. La otra interrogante es cómo tuvo acceso a esas armas y cuál fue el motivo que orilló al menor a atentar contra su maestra y sus compañeros. Las autoridades se han ido por el lado más fácil para determinar las causas de este homicidio y todo lo enfocan al uso y contenido de los videojuegos. Sin embargo, esta es la tesis más fácil para resolver un caso tan complicado y difícil, porque no es el único incidente de este tipo que se registra en nuestro país. Existen razones de fondo y muchas posibles causas que provocan actitudes violentas entre los menores.

Culpables hay muchos, pero no se trata de crucificar a nadie en especial, pero sí es momento de hacer un alto en el camino y reflexionar en lo que está sucediendo en México con respecto a la educación, que no nada más corresponde a los maestros sino también es responsabilidad de los padres.

La permisividad ha sido uno de los factores que han propiciado un relajamiento de la disciplina de los niños y jóvenes, la falta de límites y el haber maniatado a los maestros en el rigor con que se manejaba en el pasado la disciplina entre los alumnos, cuando los maestros tenían voz de mando y no había sanciones en su contra cuando reprendían o le daban un coscorrón a un estudiante. Ahora, apenas le hablan fuerte a un alumno, cuando de inmediato sus padres corren a defenderlo y a acusar al maestro de malos tratos.

Otro problema es el fenómeno de los padres ausentes, uno por falta de tiempo pues en la actualidad es muy común que ambos padres trabajen para sostener a la familia y dejan en manos de una empleada el cuidado de los niños en casa.

El fácil acceso a las armas sea en la casa o en con los amigos y el grave problema de acoso escolar que no ha sido atendido inadecuadamente en las escuelas. La violencia se ha vuelto normal. Las series de televisión son veneno, sin embargo, todos hemos crecido con programas o películas de guerra y no por eso vamos por la vida matando gente.

De manera que puede haber miles de factores externos que pueden afectar la mente de los niños, pero si hay una buena educación en casa no se irán por el mal camino. Es importante que cuando un hijo se porta mal en la casa o en la escuela haya castigos, pero estos castigos se deben de cumplir. No debe haber “amnistía” para que el castigo surta el efecto de educar y formar.

Es increíble que sean los propios padres de familia quienes se opongan al programa de Mochila Segura, que en esta escuela pudo haber evitado esta tragedia. El programa Mochila Segura se debe implementar en todas las escuelas e incluso en todos los hogares, porque es en el seno familiar donde los niños se refugian y es donde esconden sus secretos, que bien pueden ser armas o drogas.

Debemos entender que la permisividad ha sido el peor lastre de la sociedad moderna y que aún estamos a tiempo de poner los límites que hagan falta para recuperar los valores que se han perdido.

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