Aun cuando el día del padre se festejó hace dos días, nunca es tarde para reconocer el gran valor que tienen como pilares de tantas familias, pero que, debido a la cuarentena, no los pudimos festejar como hubiéramos querido. Sin embargo, desde esta sana distancia hay que expresarle el amor que le tenemos a nuestro padre y agradecer todo lo que de bueno han hecho por la familia como seres humanos ejemplares, que se quitan la camisa por los hijos y nos acompañan siempre en las buenas y en las malas incondicionalmente. Va un abrazo para todos los padres que están en la tierra o en el cielo, pero es especial para mi padre que pasó su día disfrutando la brisa del mar de Boca del Río.

LA MIRADA DE MI PADRE 

En ocasiones la nostalgia se atraviesa frente a mí y no me permite ver el paso de la alegría; pero a veces esa nostalgia me hace descubrir las cosas que han sido cubiertas por el polvo del tiempo. 

Al mirar la foto de mi padre colgada en la pared, sentí que el peso de los años se me había venido encima; fui descubriendo una a una las huellas de la edad con el alma repleta de recuerdos muy añejos, pero imborrables. Momentos buenos o malos, pero que de cualquier manera formaban parte de mi vida. Lo miré a los ojos y por fin le pude sostener la mirada, algo que nunca había podido hacer en persona. 

Entonces descubrí esa mirada buena de mi padre que sin parpadear me dijo tantas cosas, que no me explico cómo no pude entenderlo antes. Me detuve en el gran parecido que nos une, esa similitud que con la edad se aprecia más. 

Parecía como si mi padre me hablara, como si me dijera todo lo que nunca había podido decirme por machismo, por impositivo o por falta de confianza. 

De repente, desde esa foto en la pared, escuché su voz emitiendo palabras suaves y llenas de cariño diciéndome “hijo te quiero mucho y eres muy importante para mí… me siento orgulloso de lo que has logrado, aunque no haya sido lo que yo tenía planeado para ti”. 

Y desde esta distancia que nos separa, escuché su voz clara, bien clara, expresándome su amor de padre y dándome el reconocimiento que buena falta me hacía, aunque sus palabras no rompieran el silencio…

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