A mis primos todos, hasta siempre

El primer bienio a cargo de Andrés Manuel López Obrador al frente de la presidencia está atiborrado de aciertos, desaciertos y lagunas en medio de ancestrales rezagos y diferencias abismales.

Por lo pronto su popularidad se ha mantenido si no a porcentajes de casi 70 por ciento, cuando menos arriba de 50, algo impensable en sus antecesores de cinco sexenios.

Hay quienes sostienen –no del todo exentos de razón, entre ellos Epigmenio Ibarra-  que el éxito del mandatario ha sido y es su lucha contra la corrupción galopante  y habría que añadir la impunidad, ambos factores que tanto han dañado la cultura democrática y el estado de derecho de todos anhelado.

Los esfuerzos orientados a disminuir esas dos perniciosas realidades –por cierto, no privativas de ningún sector u organismos- son dignas de encomio, pues a muchos les ha costado incluso la existencia de manera directa y hasta de los famosos daños colaterales.

Acompañan estos dos principios de gobierno otros más formales e informales. 

Entre ellos conceder a las fuerzas armadas –Ejército, Marina y ahora Guardia Nacional- innumerables presencias en distintos ámbitos de la vida pública y del desarrollo del país ajenas a sus competencias centrales.

 Puede señalarse la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, de los bancos del Bienestar y las facultades cuasidiscrecionales orientadas a  legalizar su actuación en la seguridad interna del país, por referir algunas. 

Más allá de esto,  ha dado todo el juego a las fuerzas armadas -tampoco distinto a lo que hicieron sus predecesores- aunque ahora con más y más presencia. 

Sin menoscabo alguno de la importancia de sus actividades esenciales, lo cierto es que ya están hasta en la sopa.

Llega López Obrador a dos años de gobierno próximo a su encuentro  con el señor Donald Trump en la Casa Blanca, en Washington, los días 8 y 9 próximos. No  es una visita de ¿Estado?, sino oficial.

Se demuestra la relevancia que para Norteamérica tiene el Temec que entró en vigor hace apenas tres días, el 1 de julio, aún sin saber si será con o sin tapabocas, en pleno proceso electoral en la vecina  nación.

Estarán cara a cara un mandatario que ha denigrado a los mexicanos más que el famoso de infame memoria, Chumel,  y otro que ha sido como pocas veces cauteloso con su homólogo y que le ha respondido, con creces, tanto en economía, migración y cooperación múltiple.

Por lo pronto más que como anillo al dedo estamos al igual que el mundo, atrapados por un virus que ni se ve ni se siente y que ha  llevado a la tumba, uno a uno, a más de 27 mil connacionales y que no se sabe hasta cuándo seguirá.

De la situación económica ni qué decir, negocios y empleos a la baja por una u otra circunstancia, el colapso, robos y asaltos al alza y una delincuencia organizada que trae a medio México de cabeza y otro tanto sin habla. 

Seguiremos en la próxima entrega. 

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